Cristo: El Centro Absoluto del Evangelio
El Evangelio no gira alrededor del hombre ni de sus aspiraciones, sino alrededor de la persona y obra redentora de Jesucristo, en quien Dios ha sido glorificado y los pecadores reconciliados.

En tiempos en que la predicación contemporánea ha desplazado el lugar central que las Escrituras otorgan a Cristo, conviene volver con reverencia al fundamento apostólico: el Evangelio es esencialmente cristocéntrico. No es un mensaje acerca de nosotros, ni acerca de nuestras experiencias o anhelos; es la proclamación gozosa y solemne de quién es Jesucristo y de lo que ha hecho para reconciliar pecadores con un Dios santo.
El apóstol Pablo lo expresa con sobriedad apostólica: «Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor» (2 Co 4:5). Toda exposición fiel de la Palabra debe coronar a Cristo, no al hombre.
1. La supremacía absoluta de Cristo
La carta a los Colosenses presenta una de las cristologías más sublimes del Nuevo Testamento. Pablo declara que Cristo «es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación» (Col 1:15). El término «imagen» (gr. eikōn) no indica mera semejanza, sino manifestación visible y plena de la esencia divina. En Cristo el Dios invisible se hace conocido.
Su supremacía abarca toda la creación: «porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra» (Col 1:16). No existe esfera de la realidad que escape a su señorío. Reconocer esta supremacía es el primer acto de un corazón verdaderamente convertido.
«Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten… para que en todo tenga la preeminencia.»
2. La suficiencia perfecta de su obra
La obra redentora de Cristo no admite añadiduras humanas. En la cruz se consumó plenamente la propiciación por el pecado: «consumado es» (Jn 19:30). El sacrificio del Cordero sin mancha satisfizo la justicia divina y abrió el acceso al trono de la gracia.
Toda pretensión de complementar la obra de Cristo con méritos, ritos o experiencias humanas constituye una ofensa al Evangelio. La fe salvadora descansa exclusivamente sobre la suficiencia de su persona y su obra.
3. La cruz: corazón del mensaje cristiano
Pablo resume el ministerio apostólico en una sola palabra: la cruz. «Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a Éste crucificado» (1 Co 2:2). En el madero confluyen la santidad, la justicia y el amor de Dios. Allí el pecado fue juzgado y el pecador hallado refugio.
Romanos 3:25-26 declara que Dios puso a Cristo «como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia… a fin de que Él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús». La cruz no es un símbolo sentimental: es el lugar donde el Dios santo demuestra simultáneamente su justicia inviolable y su misericordia salvadora.
«Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.»
4. El llamado al arrepentimiento y la fe
El Evangelio cristocéntrico no se reduce a información: demanda respuesta. «No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch 4:12). Y el Señor mismo declara: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Jn 14:6).
El llamado bíblico es a apartarse del pecado y abrazar a Cristo por fe. No hay neutralidad posible ante Aquel ante quien toda rodilla se doblará.
- Examina si tu vida espiritual gira alrededor de Cristo o alrededor de ti mismo, de tus emociones o de tus circunstancias.
- Sustenta tu seguridad de salvación únicamente en la persona y obra consumada de Jesucristo, no en tus esfuerzos.
- Predica, conversa y enseña de modo que Cristo, y no el hombre, sea siempre exaltado.
Conclusión bíblica
El Evangelio que la Iglesia Bíblica El Molino predica no es un mensaje motivacional ni una filosofía religiosa: es la proclamación de Jesucristo, Señor crucificado, resucitado y exaltado. A Él pertenecen toda la gloria, la honra y el dominio por los siglos de los siglos. Soli Deo gloria.
Soli Deo Gloria
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